25 septiembre 2013
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25 septiembre 2013,
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Aunque muchos de los niños afectados por TDAH mejoran con la edad, tanto por el progreso de la maduración cerebral como por la adquisición de estrategias que permiten paliar los síntomas, en muchos casos el problema persiste en la edad adulta, suponiendo un perjuicio importante para la calidad de vida y la actividad sociolaboral del individuo.

El trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) es una de las patologías más frecuentes en las consultas de Neurología y Psiquiatría Infantil ya que hasta un 7% de la población en edad escolar padece esta dolencia; la Dra. Teresa Escobar, especialista de la Unidad de Neurología Infantil de la Clínica La Luz, señala siete señales de alarma para detectar este trastorno.

El TDAH está causado por un desequilibrio químico en los neurotransmisores cerebrales que se produce, en la mayor parte de los casos, por falta de madurez cerebral. En la práctica los niños con TDAH presentan una mayor dificultad para prestar atención y para controlar sus impulsos, aunque algunos de los síntomas también pueden aparecer en niños sin el trastorno, lo que hace muy importante realizar un diagnóstico adecuado.

Según destaca la doctora Teresa Escobar, especialista de la Unidad de Neurología Infantil de la Clínica La Luz, el TDAH puede diagnosticarse a partir de los cinco o seis años de edad, generalmente coincidiendo con la llegada de los niños al colegio, si bien los primeros síntomas, como una inquietud llamativa, pueden estar presentes antes. Sin embargo, es en la escuela cuando se pone de manifiesto la característica dificultad para fijar los contenidos académicos y/o para respetar las normas del centro, y es entonces cuando la mayoría de los padres afrontan el problema.

Tal como explica la doctora Escobar, “sin un correcto diagnóstico y tratamiento, existe un alto riesgo de fracaso escolar y, lo que es peor aún, la posibilidad de que el niño adquiera una baja autoestima, que una vez establecida será muy difícil de combatir, incluso aunque el niño mejore su rendimiento, y que puede ser además la base de problemas de salud mental más serios, como depresión, ansiedad o trastornos de la personalidad”.

Otro problema que sufren los niños con TDAH sin diagnosticar es la impulsividad y la tendencia a mostrarse agresivos tanto en el colegio como en el ámbito familiar, lo que suele conducir a una situación insostenible en casa y a una falta de aceptación por parte de sus compañeros que, con el tiempo, puede evolucionar hacia el marginamiento social. En los casos más graves, además, esta impulsividad lleva asociada una actitud poco reflexiva que puede allanar el camino para que surjan conductas adictivas en la adolescencia.

El TDAH no es, por tanto, una patología inocua que hace del niño algo más “difícil” o

“despistado” de lo normal, sino que puede tener consecuencias graves más allá de la vida académica. Por ello, teniendo en cuenta que existe un tratamiento eficaz para este trastorno, los especialistas han venido insistiendo mucho en la importancia de un diagnóstico preciso y un manejo precoz de esta dolencia, que en los últimos años ha pasado de estar completamente ignoraba a ser una de las más sobrediagnosticadas.

 

Señales de alarma

Por todo ello, y con el fin de evitar que los casos de TDAH pasen desapercibidos, los especialistas de la Unidad de Neurología Infantil de La Luz identificaron siete señales de alarma que indican que un niño puede estar sufriendo esta patología, con el fin de que los padres puedan reconocerlas con sencillez.

  • · Inquietud anormal y dificultad para permanecer sentado.
  • · Interrupciones constantes al interlocutor e incapacidad para esperar su turno.
  • · Conducta irrespetuosa con los demás, con frecuentes molestias a los compañeros.
  • · Dificultad para mantener la atención en juegos y tareas.
  • · Desorganización y facilidad para perder cosas constantemente.
  • · Bajo rendimiento escolar y olvido de las tareas a realizar.
  • · Baja autoestima.

Según explican los neurólogos infantiles de La Luz, el diagnóstico del TDAH no es algo plenamente objetivo como pueda ser el de una neumonía o un tumor, ya que la dolencia “no se ve” como tal en ninguna prueba diagnóstica. Además, poner tratamiento a niños que en realidad no lo necesitan supone someterles a un riesgo innecesario, ya que los fármacos contra la TDAH no son inocuos y tienen efectos secundarios como la anorexia, la pérdida de peso, el insomnio, molestias abdominales o hipertensión arterial. Por tanto, estos medicamentos deben estar siempre indicados por el especialista tras una valoración minuciosa de cada caso y con un seguimiento estrecho de la evolución del paciente.

Por último, los especialistas de La Luz recomiendan proceder a una valoración minuciosa del niño por un especialista en la materia si se detectan estas señales de alarma. Si el niño está ya tomando fármacos, su administración debe asimismo estar siempre bajo un estricto control y seguimiento por parte de un médico experto.

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