15 marzo 2015
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En los últimos años, se viene observando un aumento del uso del teléfono móvil a cualquier hora del día y por cualquier motivo.

Se da principalmente en jóvenes, pero afecta a más edades. En algunos centros ya se ha empezado a tratar de adicción al teléfono móvil.

El director de Proyecto Hombre, Luis Bononato, incide especialmente en la tendencia a la alza que vienen registrando en los últimos años el número de usuarios que participan en el denominado Proyecto Joven, destinados a jóvenes entre 12 y 21 años que acuden al centro con problemas de adicciones a sustancias al ser consumidores incipientes o esporádicos. Algunos ni siquiera han tomado drogas aún, pero están próximos.

De hecho, como explica, en este programa hay un colectivo amplio de chicos con problemas de comportamiento, consumidores que abusan de las nuevas tecnologías. Estos últimos casos, subraya Bononato, están experimentado un crecimiento que si bien a simple vista cuantitativamente hablando es difícil de apreciar porque los números son muy bajos, sí conviene estar atentos porque pueden derivar en problemas graves y abrir la puerta a la ludopatía. “Si antes atendíamos a uno o dos al año por su adicción a las nuevas tecnologías (internet, smarth-phones, etc.) las cifras del último año se han cuadriplicado, porque de ninguno, uno o dos de los últimos años hemos pasado a cuatro, es un número bajo pero muy indicativo de lo que está ocurriendo”, señala. A ello hay que sumar los que no recurren a buscar ayuda, con lo que los datos reales son mucho más elevados.

movil esposas

En cualquier caso en Proyecto Hombre han observado que casi siempre detrás de los jóvenes ‘enganchados’ a los móviles, y en definitiva, a internet, puesto que los teléfonos hoy más que nunca son una “ventana abierta al mundo”, hay “problemas de comportamiento” que pueden derivar en situaciones de agresividad y de falta de respecto hacia los mayores.

“Al centro nos vienen niños con 12 o 13 años con este problema, que no son consumidores, pero tienen a sus padres aburridos porque no saben cómo afrontar esa situación”, apunta Bononato. Por ello, recientemente Proyecto Hombre ha puesto en marcha un programa de habilidades parentales al detectar que cada vez acudían a sus instalaciones más familias para pedir ayuda para sus hijos pero sin ellos, al no tener autoridad si quiera para traerlos.

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Partiendo de esta premisa, lo que hacen es abrir un programa tres meses con el objetivo de que los padres tengan recursos suficientes para reconducir la situación con sus hijos y marcarles unas pautas a llevar en casa si no consiguen que vayan a tratamientos.

La presión social es un componente añadido para una adicción a los smarthphones de la que no sólo son objeto los adolescentes, sino también los mayores. ¿Cómo hay que frenar esto? En el caso de menores, “poniendo normas” y “dejándolas por escrito” desde que lo compren. “Junto a la factura el padre en ese momento está firmando el conflicto”, agrega Bononato, cuya asociación cada vez recibe más solicitudes para impartir talleres en colegios para abordar este problema.

Fuente: “Viva Jerez”, 23-2-15

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